Por MonjaGuerrillera
Hay realidades muy bien perfiladas de lo que no se puede saber de la muerte en sí misma. Lo único que podemos hacer es rondar la muerte, no que ella nos ronde, puesto que la muerte es hermética e impenetrable y nosotros no. Nos adaptamos a nuestra propia muerte, somos mortíferos1 porque tenemos y llevamos nuestra muerte, pero no podemos acceder de manera radical, sustancial, esencial y total al núcleo íntimo de lo que es la muerte. Si nos valemos del pensamiento preciso, afirmo junto a otros, que nunca nadie llegó a definir antropológicamente y de manera satisfactoria lo que la muerte sea. Dicho en forma popular, nadie vino “de allá” a contarnos nada.
- Conviene recordar el sufijo “fero”. ↩



