Di­gre­sion­sita

Hay una chica que no puede negociar ni consigo misma, y de una buena vez, el silencio. Necesita meter una púa entre usted y yo para tranquilizarse.

Escrito por MonjaGuerrillera


Es­ti­ma­dita: No la voy a com­pro­me­ter con gente a que a mis es­pal­das me ha­bla y me ca­lla cuando se le an­toja, in­cluso con us­ted. Así que se­guiré pu­bli­cando los apun­tes so­bre la an­tro­po­lo­gía de la muerte. No obs­tante que yo pro­siga, le co­mento un de­ta­lle: Ya nos di­je­ron que los su­per­la­ti­vos no de­mues­tran amor, sino sólo los diminutivos.

Vea, le pa­rece a este grupo1 que si yo juego a de­cirle “Ilus­trí­sima” es por­que le tengo un afecto ma­nio­brado por pe­río­dos se­mán­ti­cos y gra­ma­ti­ca­les. No en­tien­den la pa­ro­dia. Y no la en­tien­den por­que nunca le­ye­ron nada fuera de su pro­pio co­rrec­cio­nal de com­pla­cen­cias.2 Pero us­ted está en­te­rada de las for­mas usa­das para di­ri­girse a cada uno de los ri­dícu­los re­pre­sen­tan­tes de las teo­lo­gías mo­nás­ti­cas, esa gente amor­ti­zada que hasta no hace mu­cho tiempo fue con­si­de­rada ilus­tre, so­bre todo den­tro del po­der ecle­sial en la co­rona española.

No im­por­tita, mire, me basta con que us­ted son­ría. Pa­rece que es­tán es­pe­rando cual­quier frase suya o mía para sal­tar­nos a la yu­gu­lar­cita. Por mi parte, en otro tiem­pito ya me sal­ta­ron y tu­vie­ron la opor­tu­ni­dad de desan­grarme y de cre­cer a mis cos­ti­tas, no me queda más por ofrecer.

En cuanto a lo de di­mi­nu­ti­vos re­la­cio­na­dos al amor, me pa­rece una aco­ta­ción es­tu­pi­dita, ni si­quiera li­te­ra­ria por­que la li­te­ra­tu­rita pa­rece so­por­tarlo todo, in­cluso el de­cir arras­trado de los so­ció­lo­gos que omi­ten los ar­tícu­los bá­si­cos “el” y “la”.
Como us­ted bien do­mina, al su­per­la­tivo ab­so­luto no se le opone ne­ce­sa­ria­mente el com­pa­ra­tivo di­mi­nu­tivo; al di­mi­nu­tivo, lo que se le opone es el au­men­ta­tivo. Ilus­trota.

Los afi­jos apre­cia­ti­vos son sólo afi­jos apre­cia­ti­vos; la ex­pre­sión de amor au­menta con el au­men­ta­tivo, pero no au­menta el amor. Y de la misma ma­nera, no se achica con el di­mi­nu­tivo, ni mu­chos me­nos el di­mi­nu­tivo de­mues­tra ma­yor afec­ti­vi­dad, tal como se dice. La ex­pre­sará es­crita, la ex­pre­sará ha­blada, que no es lo mismo. Y no está en juego de pa­ro­dia nin­guna afec­ti­vi­dad. Para sa­berlo hay que ir pri­mero a la es­cue­lita y des­pués a la es­cue­lota.3

Como no tengo miedo de las es­tu­pi­de­ces, tam­poco de las aje­nas, yo sí me animo a traer­las a la mesa de ca­vi­la­ción, no como sus au­to­res, que por es­cán­dalo pro­pio, las lar­gan y no re­gre­san ja­más al lu­gar de su de­lito.4

Va­mos a dar­les el gusto, pero en vez de di­mi­nu­ti­vos, usa­re­mos, me­jor, los hi­po­co­rís­ti­cos, siendo me­nos so­cio­ló­gi­cos y más de­man­dan­tes de in­te­li­gen­cia, por­que para ex­pre­sar el amor se ne­ce­sita –Dios nos li­bre– el seso.5 Que vaya Je­sús y les ex­pli­que lo que es un hi­po­co­rís­tico con sus apó­co­pes y sus afé­re­sis; to­tal, tam­bién será re­cha­zado. Aquí, en­ton­ces, me quedo, pas­ma­dita y sor­pren­di­dí­sima de que no se­pan las ele­men­ta­les nor­mas de la len­güita cas­te­llana quie­nes, es­tando ne­ga­dí­si­mos para todo, se obli­gan nada me­nos que a es­cri­bir. Y a ser­mo­near desde la cripta.

  1. Efec­ti­va­mente, no se ha sa­bido des­agru­par. Se formó el re­dil de cuyo con­cepto an­taño sus miem­bros re­ne­ga­ban.
  2. Un li­bro que no coin­cide con la te­má­tica de la cár­cel pro­fe­sio­nal de esta gente se con­si­dera un li­bro ex­traño e ile­gi­ble.
  3. Y si le toca Mé­xico como karma edu­ca­tivo, pues no más ir a la es­cue­lo­to­to­tota le sa­cará de du­di­tas. Lás­tima que no haya es­cue­las para com­ba­tir el ata­que de ce­los.
  4. ¿Se po­drá usar de aquí en más el con­junto de su­per­la­ti­vos sin­té­ti­cos de Vol­taire: óptimo, pé­simo, mí­nimo, má­ximo, ínfimo, su­premo…?
  5. Hy­po­ko­ris­ti­kós: Aca­ri­cia­dor.

La muerte es equívoca

No es normal que muramos. No es lo que sería común a nosotros, no debería serlo, hay algo de anormal en la muerte, según la perspectiva de Jesús y según la perspectiva apostólica de cómo leían ellos las Escrituras.

Escrito por MonjaGuerrillera


Si la muerte me lleva, no ha de ser para siem­pre.
Si la muerte me lleva, ¿no ha de ser para siem­pre?
Mer­ce­des Sosa

La muerte es am­bi­gua y es equívoca

No es nor­mal que mu­ra­mos. No es lo que se­ría co­mún a no­so­tros, no de­be­ría serlo, hay algo de anor­mal en la muerte, se­gún la pers­pec­tiva de Je­sús y se­gún la pers­pec­tiva apos­tó­lica de cómo leían ellos las Es­cri­tu­ras. La muerte es una es­pe­cie de pre­sen­cia que se de­nota por una au­sen­cia, –de otro modo no se ex­presa– y por eso es am­bi­gua. Por ac­ce­der a ella a tra­vés de ale­go­rías, es enig­má­tica.1 Por su va­lor aún por des­pe­jar, es una in­cóg­nita. Y por ser am­bi­gua, ser enigma y ser in­cóg­nita, la muerte es equí­voca, no uní­voca. Puede pen­sarse de mu­chas ma­ne­ras. Na­die puede de­cir que la muerte es exac­ta­mente lo que dice que ella es.

La muerte con­siste en una última fron­tera, en una rea­li­za­ción que desem­boca en una no rea­li­za­ción y por eso plan­tea pro­ble­mas irre­so­lu­bles en toda clase de dis­ci­pli­nas que se pien­sen? En la ca­dena de es­tu­dios bio­ló­gi­cos, la muerte sig­ni­fica una re­gre­sión de lo com­plejo or­gá­nico ha­cia lo sim­ple inor­gá­nico. An­tro­po­ló­gi­ca­mente, se afirma que la muerte es eso que está ahí, que niega el ser per­sona. Desde la so­cio­lo­gía, la muerte es una es­cla­vi­tud que de al­gún modo es un apuro eli­mi­nar.2 La ética de la mo­ral, a gran­des ras­gos, tiene a la muerte como una in­va­ria­ble fuente de com­pli­ca­ción de cómo de­be­ría ser y no de cómo es. Y para la fi­lo­so­fía es una muy fa­ti­gosa, pe­nosa, mo­lesta, inopor­tuna, in­có­moda y enojosa apo­ría. Pero, ¿y para el arte? O –lo que es lo mismo que el arte en su fun­ción– ¿para la teo­lo­gía y la fe?

  1. Griego: Anigma
  2. Pro­ba­ble­mente nunca se haya ha­blado tanto de la muerte como en el fi­nal del si­glo 20. Ahora mismo, se ha­bla mu­cho de ella pero sin per­ci­birla ni con­si­de­rarla, se ha­bla sólo por­que se mata a dia­rio y se pro­cura ocul­tar so­cio­ló­gi­ca­mente la muerte dia­ria.

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