VIII — Paulo Brabo

VIII - Segunda Huella: Haga lo que los otros no esperan

Escrito por MonjaGuerrillera


Lo que Ha­ría Je­sús en Seis Pa­sos
Au­tor: Paulo Brabo
Tra­duc­ción: Mon­ja­gue­rri­llera

Como un in­có­modo tri­cks­ter ga­li­leo, como un João Grilo1 de las re­gio­nes ju­días, Je­sús se sen­tía li­bre de ser com­pa­sivo cuando la ló­gica vul­gar le exi­gía fu­ria y se sen­tía li­bre de mos­trarse im­pla­ca­ble con quien pre­su­mía de an­te­mano con­tar con su apro­ba­ción. Je­sús no per­día nunca la li­ber­tad de atur­dir con su sa­ga­ci­dad para es­ca­par de to­das las tram­pas que le ten­dían. El maes­tro se sa­lía con la suya re­par­tiendo pro­vo­ca­cio­nes teo­ló­gi­cas y mo­ra­les, iba aquí y allá de­nun­ciando sin asco las sim­pli­fi­ca­cio­nes, y des­en­mas­ca­rando a cual­quiera en público.

Sus an­ta­go­nis­tas le ten­die­ron toda clase de ce­la­das, ur­dían en­tre ami­gos ha­cerlo caer, le pu­sie­ron el pie en la teo­lo­gía, en la mo­ral y en la po­lí­tica. De to­dos y de to­dos se soltó Je­sús, y se dio el lujo de za­farse con ele­gan­cia, exu­be­ran­cia, bri­llan­tez, po­niendo en me­di­das igua­les el sar­casmo y el can­dente hu­mor.
Les ta­paba la boca a sus enemi­gos y se reía de la ima­gen del Cé­sar acu­ñada res­pe­tuo­sa­mente en una mo­neda. Sin de­jar de es­cri­bir con el dedo en la arena, sal­vaba con un mismo pa­lazo a la don­ce­lla en pe­li­gro y a sus cap­to­res. Con un mismo cos­co­rrón per­do­naba al acu­sado y ha­cía ver a los acu­sa­do­res que no es­ta­ban li­bres de ser acu­sa­dos. Cuando du­da­ron de que hu­biese buena teo­lo­gía en su afir­ma­ción de ser el Hijo de Dios, de­mos­tró gra­cio­sa­mente con las Es­cri­tu­ras que to­dos no so­mos otra cosa más que dio­ses. Y así se com­por­taba, hasta lo­grar el punto en que na­die ya se atre­vía a pre­gun­tarle nada.santo-paulo

  1. Per­so­naje po­pu­lar del ima­gi­na­rio de Bra­sil, que era muy pers­pi­caz, poco con­ven­cio­nal, te­nía un hu­mor fuera de lo es­pe­rado, de­ma­siado tra­vieso y de­ma­siado as­tuto.

VII — Paulo Brabo

VII- Segunda Huella: Haga lo que los otros no esperan

Escrito por MonjaGuerrillera


Lo que Ha­ría Je­sús en Seis Pa­sos
Au­tor: Paulo Brabo
Tra­duc­ción: Mon­ja­gue­rri­llera

La ab­so­luta im­pre­vi­si­bi­li­dad de Je­sús era tal vez su ca­rac­te­rís­tica más in­ne­ga­ble. Des­con­cer­taba. Si al­gún con­senso se fue ges­tando en­tre los que iban co­no­ciendo al des­ca­rado rabí de Ga­li­lea, era que acerca de Él nada se po­día to­mar por cierto. No im­por­taba cuan se­guro fuese el ar­gu­mento que le tra­je­ran, cuan firme la con­vic­ción que le pre­sen­ta­ban, cuan in­apre­cia­ble la de­di­ca­ción que le ofre­cie­sen: Je­sús siem­pre des­ar­maba todo, para bien o para mal del que se le acer­caba a elo­giarlo o a provocarlo.

No ha­bía ma­nera de ha­cer que el Hijo del Hom­bre fuese como se es­pe­raba. Era un su­jeto in­do­ma­ble. Cuando se es­pe­raba de Él que cu­rase a un pa­ra­lí­tico –al que con­si­guie­ron con mu­cho tra­bajo in­tro­du­cirlo por un bu­raco del te­cho– lo que hizo fue per­do­narle los pe­ca­dos. Cuando se es­pe­raba que es­can­da­li­zado des­pa­chase de vuelta a una pros­ti­tuta –a la que se topó en un al­muerzo ofi­cial– Él dejó que ella hi­ciera lo que le vi­niera en gana. Cuando se es­pe­raba que cu­rase a un le­proso an­tes de to­carlo, im­pu­ne­mente Je­sús hizo lo con­tra­rio. Cuando a Pe­dro se le dio por ofre­cerle un único aplauso y una buena in­ten­ción, Je­sús lo apodó “Sa­ta­nás”. Cuando le di­je­ron que su fa­mi­lia lo es­pe­raba fuera de la mul­ti­tud, Je­sús dejó claro que su fa­mi­lia era la mul­ti­tud, y que no es­taba afuera, es­taba aden­tro. Cuando se es­pe­raba un mí­nimo res­peto por los re­li­gio­sos, Je­sús los se­ñaló para de­cir en pú­blico que los la­dro­nes y las pros­ti­tu­tas los aven­ta­ja­ban en el in­greso al Reino. Cuando una de­vota le gritó en­fe­bre­cida “fe­liz la mu­jer que te dio a luz y que te ama­mantó”, Je­sús tuvo la cara dura de con­tra­de­cirla con el mismo tonito.

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