An­tro­po­lo­gía y Muerte

Voy a tratar la antropología de la muerte y quisiera corresponder con rigor y autenticidad. Tenga en cuenta que no tengo familiaridad con las antropologías, y que apenas naufragué insistentemente en los libros que frecuento. No obstante la incompetencia, entiendo lo que voy a exponerle.

Por MonjaGuerrillera

Agra­dezco sus pa­la­bras, co­lega Ca­bilda de las Ha­ma­cas, que no pierde la sub­je­ti­vi­dad frente al ri­gor y la au­ten­ti­ci­dad. Para mí son más va­lio­sas que si fue­sen un in­tento de ob­je­ti­va­ción doc­to­ral, ya que no hay ma­nera de ob­je­ti­var la exis­ten­cia y la no exis­ten­cia, y us­ted tam­poco lo pre­tende. Lo tomo como una no­ti­cia a fa­vor.1
Voy a tra­tar la an­tro­po­lo­gía de la muerte y qui­siera co­rres­pon­der con ri­gor y au­ten­ti­ci­dad. Tenga en cuenta que no tengo fa­mi­lia­ri­dad con las an­tro­po­lo­gías, y que ape­nas nau­fra­gué in­sis­ten­te­mente en los li­bros que fre­cuento. No obs­tante la in­com­pe­ten­cia, en­tiendo lo que voy a ex­po­nerle. Me acon­se­jará se­gún su criterio.

En esta pri­mera parte de la ago­nía2 como reali­dad an­tro­po­ló­gica, qui­siera que una ad­ver­ten­cia que hago ahora la re­cor­dara tam­bién des­pués: Que no voy a pro­po­ner una me­ta­fí­sica de la muerte. Pre­fiero la con­ti­nua­ción de in­ter­cam­bio de na­rra­cio­nes de nues­tras ex­pe­rien­cias. Y lo pre­fiero por­que lo que na­rra­mos se ajusta mu­cho más a lo que la an­tro­po­lo­gía de la muerte plan­tea en su opi­nión es­tricta de ella.3

Así que en esa an­tro­po­lo­gía de la muerte hay una cum­bre más vi­si­ble, que es el miedo, como us­ted lo cree y lo deja ex­preso. Esa pa­sión del miedo es mo­tivo para ave­ri­guar los he­chos fi­ja­dos por la muerte, que son los que la de­li­mi­tan y cir­cuns­cri­ben. Esa ave­ri­gua­ción sig­ni­fica ver la muerte a tra­vés de sus he­chos, in­cluso de sus he­chos pre­li­mi­na­res, y nada más que eso por­que no hay otra ma­nera de ac­ce­der a ella. Voy a con­tarle al­gu­nas ideas pro­pias, no­tas de mis ave­ri­gua­cio­nes. Me voy a apo­yar en lo que me es ha­bi­tual y fa­mi­liar, para que cada quien tam­bién com­pruebe que a na­die es una cues­tión ajena.

  1. Sólo me­diante la des­per­so­na­li­za­ción y la des­hu­ma­ni­za­ción se con­si­gue ob­je­ti­varlo todo y ma­tarlo todo, se­gún lo mues­tra la His­to­ria hu­mana y des­hu­mana. La sub­je­ti­vi­dad –que no los sub­je­ti­vis­mos en tanto que vi­cios– es una aliada de la hu­ma­ni­za­ción. Hasta con una aso­ciar ideas ente su­jeto y hu­mano se toma con­cien­cia de lo di­cho.
  2. Ago­nía. Agón; Lu­cha. Se re­fiere y se aplica a la an­gus­tia que pa­dece al­guien cons­ciente de la muerte. Agón en griego sig­ni­fica lu­cha fí­sica, com­bate, juego com­pe­ti­tivo, par­tido. La ten­sión del an­ta­go­nismo para ven­cer una lu­cha (agón) crea ago­nía en el ago­nista. Com­par­ten la raíz agón tam­bién las pa­la­bras: Pro­ta­go­nista: pro­tos: pri­mero + ago­nis­tís = lu­cha­dor o ju­ga­dor. An­ta­go­nista: anti: opuesto, con­tra­rio, en lu­gar de + ago­nis­tis = lu­cha­dor o ju­ga­dor.
  3. Cuando na­rra­mos so­bre la exis­ten­cia­li­dad y la muerte, no di­va­ga­mos ni con­cep­tual, ni teo­ló­gica ni li­te­ra­ria­mente so­bre una con­tra­rie­dad tan com­pro­me­tida con no­so­tras. Para quien co­noce va­rias dis­ci­pli­nas del pen­sa­miento, in­cluida la fi­lo­so­fía y la teo­lo­gía, le es nor­mal ver en esos re­la­tos lo que cada una dice.